Este año ha sido, como mínimo, peculiar. Como individuos, sociedades y naciones, nos enfrentamos en una época de cambios e inseguridad sin precedentes. A medida que la pandemia se ha extendido por el mundo, nos hemos enfrentado a cambios en lo personal, lo profesional y lo social, para los que, sinceramente, no estamos preparados.

Según la OMS (28/12/2020), este año 1.761.381 personas han muerto de COVID y se han confirmado 79.673.754 casos en todo el mundo. Hemos sido testigos de cuarentenas, la normalización de llevar mascarillas, el distanciamiento social y ahora, las vacunas.Cada cambio ha traído consigo debate, disentimiento y, trágicamente, muerte. Pero ahora que estamos cerca de cerrar el capítulo de este extraño año y empezar a mirar al futuro, ¿qué puede ocurrir para lo que necesitemos prepararnos?

Ansiedad, la epidemia silenciosa

La mayoría de nosotros hemos tenido un extraño presentimiento en algún momento del año. La incertidumbre del futuro y los cambios en nuestro presente han sido desconcertantes y nos han desestabilizado. Muchos nos hemos enfrentado a una incertidumbre laboral extrema y las relaciones se han puesto a prueba, hasta el punto de romperse en muchos casos.Ir al día con los cambios ha sido un terremoto para la salud mental, a menudo clasificado como “Ansiedad”. Aunque las etiquetas pueden ser útiles, saber que nuestro corazón desbocado, respiración agitada, temores, sueño alterado y falta de apetito pueden ser los síntomas de la ansiedad, no nos ayuda realmente a hacer algo al respecto.

En primer lugar, la ansiedad no es nada en concreto. No es más que el nombre que se le ha dado a un conjunto respuestas físicas, perfectamente naturales y útiles, que han evolucionado a lo largo del tiempo para mantenernos a salvo.

Imagina que estás andando por un camino, es un día agradable y soleado y de pronto, ¡un tigre salta desde un árbol! Entonces tu sistema autónomo se pone en marcha.Ves un tigre grande y peligroso y tu cerebro se inunda de sustancias químicas que envían mensajes súper rápidos a tus músculos gritándoles “preparados porque lo mismo tenemos que correr, pelear, o hacernos el muerto“. De camino, para en nuestros pulmones cambiando la respiración, le dice al estómago que pare de digerir comida y ordena a las tripas y a la vejiga que evacúen toda la carga innecesaria.

Hay cuatro cosas importantes que conviene recordar:

1. No tienes ninguna opción en todo esto. Tu cerebro pensante, el lóbulo frontal, se desconecta. Es demasiado lento en una situación percibida como peligrosa. Esa parte de nuestro cerebro ha sido diseñada para analizar, debatir, planear, y cuando un tigre de 150 kilos está a punto de comerte, no hay mucho que planear, la única prioridad es sobrevivir.

2. Este estado de emergencia física está diseñado para durar poco: o el tigre te mata o sobrevives. En cualquier caso, las respuestas automáticas tienen un límite temporal y desaparecen rápidamente (ya sea en la barriga del tigre o no, eso está fuera del alcance de este artículo).

3. El ser humano moderno, a pasear de su inteligencia, es bastante estúpido cuando se trata de este mecanismo de respuesta. El caso es que no se apaga como debería. En vez de eso, andamos en nuestras relativamente mundanas vidas, como si los tigres constantemente nos saltaran encima.

4. Esto significa que nuestro cuerpo está constantemente inundado con hormonas de estrés y nunca estamos completamente tranquilos. Nuestro cerebro pensante, el que hace planes, se desconecta constantemente, dejándonos a merced de nuestro cerebro “emocional”. Esto no es bueno en absoluto.

Ahora las buenas noticias, este sistema se puede cambiar y está en tu poder hacerlo. Ya has dado el primer paso en entender que lo que llamas ansiedad, realmente es un mecanismo de reacción muy natural que funciona un poco regular. Voy a guiarte a través de los distintos niveles para que entiendas que la ansiedad no es una enfermedad, se trata solo de un sistema de supervivencia que por algún motivo tiene la idea de que ir a la tienda de la esquina es una aventura de alto riesgo.

Antes de que trate sobre aquellos cuyas mentes ya están gritando “¡Es una enfermedad! ¡Podemos infectarnos y morir!“, voy a tratar primero sobre el sistema físico que es, definitivamente, donde todo está ocurriendo.

*Cuida de tu cuerpo

Como cualquiera con dispepsia te dirá, duele y es muy molesto. También es un síntoma de ansiedad. ¿Presión sanguínea alta? Sí, ansiedad. ¿Problemas en la respiración, o en la piel, o en la tripa? Podría ser que hubiera un componente genético, o de hábitos, y que para el momento en el que te decidas investigar si realmente tienes cáncer y vayas al médico, seguramente ya tienes algún tipo de dolencia crónica. Pero piensa que tu sistema de supervivencia ha estado dando bandazos, semana sí, semana no, año sí, año no, sin desconectarse nunca completamente. No es fácil imaginar que al final va a haber algún daño. Imagina no apagar nunca el motor de tu coche, eventualmente la correa de distribución se va a romper, eso si el motor no dispara un pistón primero.

Así que, ¿qué puedes hacer? Aunque parezca extraño hay dos cosas bastante sencillas que, aunque no hagamos nada más, ya tienes mucho ganado.

Respirar hondo y despacio

Al respirar se trata de contener el dióxido de carbono el máximo tiempo posible. Es el gas que exhalamos y lo que gastan los árboles para crecer. ¿Te suena cuando en las películas le dan una bolsa de papel a la heroína histérica para que respire dentro? Este es el motivo. Dentro de la bolsa respira dióxido de carbono, no oxígeno. Lo que convence al sistema autónomo para calmarse. 

Míralo de esta manera, el cuerpo “piensa” que, si estás respirando lentamente, no puedes estar escapando de un tigre. El sistema lo nota porque los niveles de dióxido de carbono se han incrementado. Así que necesitamos darle al interruptor de apagado sin la necesidad de una bolsa, aunque si quieres puedes intentarlo, pero no mucho rato.

La cura

La forma de hacerlo es sencilla. Simplemente hacemos una cuenta de respiración. Inhalamos contando hasta tres y exhalamos contando hasta cinco. Solo eso. No es nada complicado. Sigue durante un minuto o dos y empezarás a calmarte. Por su puesto, puedes ir a yoga, tai chi, natación, meditación, pero básicamente este es el secreto para calmarte de todos ellos.

*Aprender a relajar tu cuerpo

El siguiente sistema que necesita reaprender cosas son tus músculos. Imagina que durante años ha estado preparado para correr. Ha estado en máxima alerta por tigres. De hecho, a menudo tan alerta que ni siquiera has sido consciente de la tensión. Sí, tus hombros están casi pegados a tus orejas y tu espalda está tan tensa que podrías usarla como pared de frontón.

Pero eso es normal, ¿no? No, no lo es. Es tu sistema de supervivencia funcionando mal.

La cura

Eso implica familiarizarte de verdad con tu cuerpo. No lo digo en ningún sentido raro, sino en el sentido de ser capaz de revisar mentalmente tu cuerpo buscando las tensiones y relajarlas activamente.

Para mis clientes que no tienen ni la más absoluta idea de lo que esto hablando, les digo “primero tensa todo el cuerpo, muy muy fuerte, mantenlo, mantenlo, sigue manteniéndolo, un poco más, ahora relaja“.  La sensación cuando liberan la tensión, eso es estar relajado. Inténtalo, puede sorprenderte saber que así es como debería sentirse tu cuerpo siempre.

Con práctica, se te puede llegar a dar bien, hacer un rápido repaso mental de tu cuerpo mientras estás sentado o tumbado, respirando y relajando esa tensión un poco más.

Las zonas donde se almacena la tensión suelen ser la mandíbula (los que aprietan los dientes), los hombros (cuello rígido y migrañas), la espalda (dificultades para dormir y falta de flexibilidad) y los pies (problemas de equilibrio y deditos agarrotados).

También es la razón por la que el deporte es tan bueno, nos obliga a mover el cuerpo y estirarlo de forma que liberamos toda esa tensión sin necesidad de pensarlo.

Nota: en este aspecto destaca el yoga y el tai chi, porque trabajan la respiración y los estiramientos. Pero recuerda por favor que nada de eso sirve si solo lo haces durante dos semanas, cuidar de uno mismo es un compromiso para toda la vida.

Hemos avanzado bastante. Antes de que empieces la siguiente para, intenta los ejercicios un par de días y luego vuelves.Te explicaré por qué cuidar de tus necesidades mentales y sociales es tan importante para tomar el control de tu inagotable sistema de supervivencia.


Traducion: Snr JSM mil gracias para tu ayuda amigo 

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